Cuento Corto | Anticuerpo inesperado | [ESP/ENG] | Unexpected antibody

Anticuerpo inesperado

~

El cuadro infeccioso de Frederick continuó evolucionando con el pasar de los días, cada minuto que transcurría, el riesgo de muerte para Frederick aumentaba de una forma preocupante, no solamente para él, sino también para el médico que no entendía muy bien la gravedad de la infección, adicionalmente para sus allegados, como su nuevo amigo el carpintero y la familia con la que estaba viviendo últimamente. Si bien Frederick no había compartido una gran cantidad de tiempo con todos ellos, había logrado ganarse el cariño de todos día a día, y es por ello, que en ese momento de riesgo y complicaciones de salud, lo que más deseaban sus compañeros, era que pudiera mejorarse lo más rápido posible.

Todos los días le preguntaban el médico acerca del estado de salud de Frederick, y muy apenado, el mismo contestaba que era complicado describir los síntomas que estaba presentando, y que a ciencia cierta no estaba observando mejorías en ninguno de los aspectos críticos de su enfermedad. Esta pregunta era recurrente y no solamente la hacían ellos, sino también las personas que se interesaban acerca de la gran e incurable infección del ayudante del carpintero. Todos los días el médico tenía que buscar el ánimo suficiente para poder responderle a todas las personas acerca de la grave situación de Frederick. El carpintero se sentía un poco culpable, ya que debido a una toma de decisión propia, Frederick comenzó a trabajar como ayudante en su taller y gracias a eso tuvo el accidente que le ocasionó está grave infección.

Los días pasaron y cada una de las vendas y protectores que le ponía el médico en la herida a Frederick sólo le causaban dolor, un intenso dolor que le electrocutaba todo su cuerpo y lo hacía gritar constantemente ya que la herida jamás logró cerrarse. Los fármacos que le había recetado no habían hecho mucho efecto, la fiebre continuaba y el malestar general se mantenía constante, sin ninguna variación. El médico sabía que al llegar a este punto las esperanzas tienden a ser mínimas, lo que significaba que el tiempo era cada vez más valioso para Frederick. No tuvo otro remedio que reunir toda su valentía para poder decirle claramente a la familia con quién estaba viviendo Frederick, que el panorama no era nada alentador. Le pido al carpintero que fijará una hora para reunirse con todos ellos, el médico lo menos que quería era repetir estas palabras dos veces, así que preferida decirlo una sola vez, enfrente de todos sin ningún tipo de tabú ni contemplaciones.

Ese mismo día en la tarde, teniendo a toda la familia reunida junto al carpintero, procedió a dirigirse a ellos con un tono bastante inusual, estaba hablando de forma fría, directa, clara y concisa. Lo que les dijo en pocas palabras fue que la infección de Frederick había llegado a tal punto de empeoramiento que había desarrollado síntomas bastante graves, en especial la gran fiebre que iba a terminar con su vida prontamente. Si bien la infección se había controlado de cierta forma con los fármacos, la fiebre nunca había bajado y como consecuencia de ella en cualquier momento Frederick iba a sufrir una meningitis aguda, que iba a terminar con gran parte de su salud neurológica. Definitivamente después de esto Frederick no iba a volver a ser el mismo, en el supuesto caso de que llegara a sobrevivir, claro está.

El rostro de cada uno de los presentes en la reunión, mostraron cambios drásticos, todos en el fondo de su subconsciente aún mantenían un gran vestigio de esperanza acerca de la recuperación de Frederick. El peor de todos fue el carpintero, quien no pudo evitar sentirse culpable en las cercanías de la posible muerte de su ayudante en el taller. Esa misma noche el jefe de la familia pidió cuidar a Frederick mientras amanecía y volvían a intentar un nuevo tratamiento que pudiera devolverles las esperanzas de vida. El jefe de familia espero a que todos los demás visitantes abandonaran la habitación de Frederick, aprovechó para sentarse en el sillón que estaba al frente de la camilla, y se puso cómodo, pues ya estaba totalmente mentalizo en pasar al menos una noche al cuidado de su más reciente inquilino. Pasaron unas cuantas horas, hasta que el frio de la madrugada podía sentirse hasta los huesos, y el rocío de la noche empañaba levemente los cristales de todas las ventanas del hospital.

El jefe de familia, inteligentemente, esperó que el personal de salud fuera a descansar, a pesar de siempre tener al menos una enfermera de guardia, la actividad del hospital era realmente baja durante la noche, por lo que no siempre estaban vigilando a los pacientes y sus acompañantes, a menos que se encuentre en una situación de extrema gravedad. Salió unos 5 minutos de la habitación, con la excusa de que tenía que ir a fumarse un cigarrillo para calmar la ansiedad. De forma bastante disimulada comenzó a vigilar todo el movimiento del persona medico, el lugar donde se encontraban las enfermeras y las habitaciones que estaban siendo visitadas por el doctor de guardia, quería asegurarse de tener al menos unos pocos minutos a solas con Frederick, sin ningún tipo de interrupción o vigilancia. Rápidamente y con mucha habilidad, saco una jeringa de su bolso, la misma estaba llena de una solución rojo intenso, y in pensarlo dos veces inyectó a Frederick en su brazo derecho.

Gracias por leer.


English Version:

Unexpected antibody

~

Frederick’s infectious picture continued to evolve as the days went by, every minute that passed, the risk of death for Frederick increased in a worrying way, not only for him, but also for the doctor who did not understand very well the seriousness of the infection, additionally for his relatives, like his new friend the carpenter and the family he was living with lately. Although Frederick had not shared a great deal of time with all of them, he had managed to win everyone’s affection day by day, and that is why, at this time of risk and health complications, what his companions wanted most was for him to be able to get better as quickly as possible.

Every day, the doctor asked him about Frederick’s state of health, and to his great sorrow, he replied that it was complicated to describe the symptoms he was presenting, and that he was certainly not observing improvements in any of the critical aspects of his illness. This question was a recurring one and was asked not only by them, but also by people who were interested in the great and incurable infection of the carpenter’s helper. Every day the doctor had to find enough encouragement to be able to answer everyone about Frederick’s serious situation. The carpenter felt a little bit guilty, because due to a decision of his own, Frederick started to work as an assistant in his workshop and thanks to that he had the accident that caused this serious infection.

The days passed and each of the bandages and protectors that the doctor put on Frederick’s wound only caused him pain, an intense pain that electrocuted his whole body and made him scream constantly because the wound never closed. The drugs he had prescribed had not had much effect, the fever continued and the general malaise remained constant, without any variation. The doctor knew that at this point hopes tended to be minimal, which meant that time was increasingly valuable to Frederick. He had no choice but to summon up all his courage to be able to tell the family clearly who Frederick was living with, that the outlook was not at all encouraging. I asked the carpenter to set a time to meet with all of them, the doctor at least wanted to repeat these words twice, so he preferred to say it once, in front of everyone without any taboo or contemplation.

That same day in the afternoon, having all the family gathered together with the carpenter, he proceeded to address them in a rather unusual tone, he was speaking in a cold, direct, clear and concise manner. What he told them in a few words was that Frederick’s infection had reached such a point of worsening that he had developed quite serious symptoms, especially the great fever that was to end his life soon. Although the infection had been controlled to some extent by the drugs, the fever had never gone down and as a result Frederick would at any time suffer from acute meningitis, which would end much of his neurological health. Definitely after this Frederick would not be the same, in the event that he survived, of course.

The faces of each of those present at the meeting showed drastic changes, all of them in the depths of their subconscious still holding a great vestige of hope about Frederick’s recovery. The worst of all was the carpenter, who could not help but feel guilty in the vicinity of the possible death of his assistant in the workshop. That same night the head of the family asked to look after Frederick as the sun rose and they tried again a new treatment that could give them back their hope for life. The head of the family waited for all the other visitors to leave Frederick’s room, took the opportunity to sit on the armchair in front of the stretcher, and made himself comfortable, as he was already totally mentally prepared to spend at least one night in the care of his newest tenant. A few hours passed, until the early morning chill could be felt to the bone, and the night dew slightly fogged the windows of the hospital.

The head of the family cleverly waited for the health staff to go and rest, despite always having at least one nurse on duty, the activity of the hospital was really low during the night, so they were not always watching the patients and their companions, unless they were in an extremely serious situation. He left the room for about 5 minutes, with the excuse that he had to go and have a cigarette to calm his anxiety. In a rather disguised way he started to watch all the movement of the medical person, the place where the nurses were and the rooms that were being visited by the doctor on duty, he wanted to make sure that he had at least a few minutes alone with Frederick, without any kind of interruption or surveillance. Quickly and skillfully, he took out a syringe from his bag, it was filled with a bright red solution, and in a moment’s thought he injected Frederick into his right arm.

Thank you for reading.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *