Cuento Corto | El sabor de la muerte | [ESP/ENG] | The taste of death

El sabor de la muerte

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Las mañanas de aquella ciudad asiática siempre estaban llenas de luz, los rayos de sol comenzaban su rutina a muy tempranas horas de la mañana, cuando todavía las gotas de gotas de rocío eran visible sobre la superficie de cada una de las hojas de los arboles que adornaban la ciudad. Era la mezcla perfecta entre una gran metrópolis, y la sobriedad de un pueblo antiguo, lleno de naturaleza y con aspecto conservador. Aun así, los grandes edificios eran motivo de admiración entre los turistas, las grandes calles, estaban siempre llenas de movimiento, de vida, ruido y mucha actividad económica.

Desde hace unos años, la instalación de grandes refinerías de petróleos bastante reconocidas a nivel mundial, había traído como consecuencia uno de los aspectos que los nativos del lugar no habían considerado nunca, la diversificación cultural. A pesar de la modernidad de la ciudad, todavía eran conservadas costumbres y leyes ancestrales, esas que no necesitaban un basamento legal irrevocable para considerarse validas, y que siempre serian cumplidas por los ciudadanos de todas las generaciones.

Afrontar la llegada de los inmigrantes, de nuevos empresarios, nuevos establecimientos entre otros factores, estaba asociado a un gran cambio cultural en todos los aspectos, el idioma, la educación, economía, comida, política, entretenimiento, etc. Fue un proceso lento, con muchos obstáculos, y modificaciones que no siempre contaron con el total apoyo de los residentes originales de la ciudad. Tardó varios años en llegar a consenso aceptable en cuanto al establecimiento de una ciudad más abierta, libre y con libertad de culto y pensamiento. Muchos de los que en aquel entonces eran unos adolescentes, descubrieron nuevas pasiones y gustos a través de las culturas extranjeras. Ese fue el caso de Cairon, quien descubrió que su trabajo soñado tenía que estar relacionado con la cocina, y no con la medicina como su padre quería.

Sin la total aprobación de sus padres, Cairon optó por dejar la facultad de medicina por la escuela de artes culinarias modernas. Al principio fue bastante complicado para él obtener el apoyo económico necesario para pagar la escuela, ya sus padres no estaban tan dispuestos a ayudarlo si el al final iba a convertirse en un chef y no en un respetado médico cirujano. Decidió trabajar en un restaurante de comida rápida para costear los gatos de su nuevo estudio. Al comenzar su carrera académica, se dio cuenta que era precisamente eso lo que necesitaba, era lo que realmente lo apasionaba y lo hacía sentir útil, hábil y sobretodo feliz.

No pasaron muchos días antes de que Cairon se convirtiera en uno de los estudiantes más destacados de toda la escuela. Había entendido perfectamente la influencia de la temperatura en la cocción de la carne, también la disposición perfecta del agua para realizar la pasta y el arroz, entre otros puntos básicos que debía dominar obligatoriamente. Cada vez que debía presentar un plato básico ante un jurado calificador, obtenía las mejores puntuaciones de todos. Esto le permitió obtener una beca por parte de la prestigiosa escuela, olvidándose de aquel aburrido trabajo en el restauran de comida rápida, y pudiendo dedicarse al 100% a su formación académica.

Luego de unos meses, parecía que Cairon no tenía límites en sus habilidades culinarias. Ya estaba en el punto de aprender técnicas más sofisticadas, para platos más exigentes, de estándar internacional y con ingredientes bastante exóticos para él. Ya no tenía que preparar los platos básicos que había estado preparando el año anterior, ahora debía preparar propuestas de platos, para ofrecer en un restaurante internacional de alto nivel. La gama de ingredientes para Cairon se expandió increíblemente cuando tuvo que aprender a utilizar elementos culinarios de todos los continentes y para cada tipo de comida que quisiera preparar.

Justo cuando su vida adámica estaba en su mejor punto, recibió la nefasta noticia acerca de la muerte de su mejor amigo. Al parecer éste le había ocultado por muchos años los problemas económicos y personales que estaba teniendo, y llego a un punto de no retorno en el cual su decisión fue quitarse la vida utilizando un veneno de alta toxicidad. Ambos tenían planes juntos, querían abrir el restaurante de comida tradicional e internacional perfectamente mezclados, mas importante y distinguido que tuviera su ciudad. Ahora esos planes de largo alcance se había derrumbado, solo quedaba asistir al funeral del que alguna vez fue su gran confidente.

Cairon paso varios meses sumido en una gran depresión, no entendía las razones de su amigo para acabar con su vida de esa manera, no entendía porque fue capaz de dejarlo solo, él era la única persona que genuinamente creía en Cairon desde el principio, y lo apoyo incluso cuando sus padres le dieron la espalda. Una tarde de larga meditación, Cairon decidió comprar el veneno que mato a su amigo. Después de horas de investigación y lectura de estudios científicos, pudo calcular la dosis letal, así que se animo a probar una dosis menor del veneno. Esto lo hacía con la esperanza de sentir al menos una fracción de lo que sintió su amigo, y quizá entenderlo un poco más en la ejecución de sus acciones.

Progresivamente, Cairon se fue recuperando de su tristeza, había vuelto a ser el gran estudiante de artes culinarias admirados por todos, con altas calificaciones y con una técnica envidiable por muchos. A este punto la creatividad de Cairon estaba siendo evaluada al límite. Ahora era él quien tenía que diseñar nuevos platos, combinando sabores, texturas, colores, historia, tradición, presentación entre otros sutiles factores. Cairon era todo un artista, un verdadero genio que lograba crear platillos de alto impacto regional e internacional. Gano varios premios y reconomientos. Para el día de su graduación, debía preparar una gran degustación para unas 500 personas, todas muy importantes en diferentes ámbitos sociales. Era la prueba final que debía completar para convertirse en un Chef titulado. Los platos presentados tuvieron las máximas calificaciones posible, las personas no salían del asombro que les causaba probar comida tan bien elaborada, con una combinación inédita, era el plato perfecto. Al día siguiente, incluyendo Cairon, todos amanecieron muertos. El ingrediente perfecto, que hacía de los platos de Cairon un éxito, eral veneno que utilizo alguna vez su amigo. Cairon entendió que la perfección de sabores se alcanzaba mucho después del valor para la dosis letal, así que se arriesgo, y obtuvo el mayor placer sensitivo que se pudiera tener con sus platos, pero también el último. Finalmente Cairon entendió a su amigo.

Gracias por leer.


English Version:

The taste of death

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The mornings of that Asian city were always full of light, the rays of sun began their routine very early in the morning, when still the drops of dew were visible on the surface of each one of the leaves of the trees that adorned the city. It was the perfect mixture between a great metropolis and the sobriety of an ancient village, full of nature and with a conservative appearance. Even so, the great buildings were a reason for admiration among tourists, the great streets were always full of movement, life, noise and much economic activity.

A few years ago, the installation of large oil refineries, well known worldwide, had brought as a consequence one of the aspects that the natives of the place had never considered: cultural diversification. In spite of the modernity of the city, ancestral customs and laws were still preserved, those that did not need an irrevocable legal basis to be considered valid, and that would always be complied with by the citizens of all generations.

Facing the arrival of immigrants, new entrepreneurs, new establishments among other factors, was associated with a great cultural change in all aspects, language, education, economy, food, politics, entertainment, and so on. It was a slow process, with many obstacles, and modifications that did not always have the full support of the original residents of the city. It took several years to reach an acceptable consensus on the establishment of a more open, free city with freedom of worship and thought. Many of the then teenagers discovered new passions and tastes through foreign cultures. That was the case with Cairon, who discovered that his dream job had to be related to cooking, and not to medicine as his father wanted.

Without the full approval of his parents, Cairon chose to leave medical school for the school of modern culinary arts. At first it was quite complicated for him to get the financial support needed to pay for school, and his parents weren’t so willing to help him if he was going to become a chef in the end and not a respected surgeon. He decided to work in a fast-food restaurant to pay for the cats in his new studio. At the beginning of his academic career, he realized that that was exactly what he needed, what really fascinated him and made him feel useful, skillful and, above all, happy.

It wasn’t many days before Cairon became one of the school’s most outstanding students. He had perfectly understood the influence of temperature on the cooking of meat, as well as the perfect arrangement of water to make pasta and rice, among other basic points that he had to master. Every time he had to present a basic dish to a jury, he got the best scores of all. This allowed him to obtain a scholarship from the prestigious school, forgetting that boring job in the fast food restaurant, and being able to devote 100% to his academic training.

After a few months, it seemed that Cairon had no limits in his culinary skills. He was already at the point of learning more sophisticated techniques, for more demanding dishes, of international standard and with ingredients quite exotic to him. He no longer had to prepare the basic dishes he had been preparing the previous year, now he had to prepare proposals for dishes to be offered in a high level international restaurant. The range of ingredients for Cairon expanded incredibly when he had to learn to use culinary elements from every continent and for every type of food he wanted to prepare.

Just when his Adamic life was at its best, he received the ominous news about the death of his best friend. Apparently he had hidden from her for many years the financial and personal problems she was having, and she reached a point of no return in which her decision was to take her own life using a highly toxic poison. They both had plans together, they wanted to open the most important and distinguished traditional and international food restaurant in their city. Now those long-range plans had collapsed, the only thing left was to attend the funeral of the onetime great confidant.

Cairon spent several months immersed in a great depression, did not understand his friend’s reasons for ending his life that way, did not understand why he was able to leave him alone, he was the only person who genuinely believed in Cairon from the beginning, and supported him even when his parents turned their backs on him. One afternoon of long meditation, Cairon decided to buy the poison that killed his friend. After hours of research and reading scientific studies, he was able to calculate the lethal dose, so he was encouraged to try a lower dose of the poison. He did this in the hope of feeling at least a fraction of what his friend felt, and perhaps understanding it a little more in the execution of his actions.

Progressively, Cairon recovered from his sadness, he had once again become the great student of culinary arts admired by all, with high grades and an enviable technique by many. At this point Cairon’s creativity was being evaluated to the limit. Now he had to design new dishes, combining flavors, textures, colors, history, tradition, presentation among other subtle factors. Cairon was an artist, a true genius who managed to create dishes with a high regional and international impact. He won several awards and recognitions. For the day of his graduation, he had to prepare a great tasting for about 500 people, all very important in different social fields. It was the final test he had to complete to become a qualified Chef. The dishes presented had the highest marks possible, people did not come out of the astonishment caused by trying food so well prepared, with a combination unpublished, was the perfect dish. The next day, including Cairon, they all woke up dead. The perfect ingredient, which made Cairon’s dishes a success, was the poison that his friend once used. Cairon understood that perfection of flavors was achieved long after the lethal dose value, so he took a risk, and obtained the greatest sensory pleasure he could have with his dishes, but also the last. Cairon finally understood his friend.

Thank you for reading.

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