Cuento Corto | Fred y la vestimenta ideal | [ESP/ENG] | Fred and the ideal clothing

Fred y la vestimenta ideal

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Finalmente y con mucha incertidumbre en sus ojos, Fred abrió el paquete lentamente y apartó el sombrero de la carta que había dentro de él. Se percató de que habían sido muy específicos en cada una de las instrucciones que le estaban dando acerca del método de pago para obtener la información relacionada con el robo de la estatua de Aquiles. La ubicación era bastante específica, se trataba de uno de los parques de la periferia de la ciudad. Debía sentarse en uno de los bancos del mismo y esperar hasta que fuesen las 12 de la noche, para ello debería ir vestido completamente de negro sin llamar mucho la atención, pasando desapercibido entre la gente y portar en su cabeza el sombrero que ellos mismos habían enviado. Esa era la única forma que tenían los maleantes de darse cuenta de que efectivamente se trataba de Fred.

Adicionalmente, debía llevar en un maletín las monedas de oro equivalentes a los kilos que estaban pidiendo a cambio de la información. Fred sudaba frío mientras leía la carta, no sólo le daba un poco de miedo el hecho de tener que encontrarse con personas de gran peligrosidad, sino que le llenaba de nerviosismo, ansiedad y bastante impotencia el poder enterarse tardíamente de quién había sido responsable del hurto de su famosa escultura. No hizo más nada que esconder el paquete en uno de sus gavetas preferidas y salir como si nada hubiese pasado a cenar con su familia. Esa misma noche la cena fluyó con total normalidad, Fred recurrió a los temas de conversación que usualmente tocaba a esa hora con su familia. Ni su esposa y sus hijos notaron nada extraño en su comportamiento, sí que sólo pasaron un rato ameno en familia, hasta que llegó la hora de dormir.

Para todos habían sido un día bastante largo y tenían en sus cabezas ese preciado momento en el que iban a poder finalmente descansar en una gran cama y con grandes almohadas de gran calidad, cada una de ellas hechas de plumas de avestruz; sin embargo Fred sólo pensaba que en tres días debía cumplir con todas las condiciones que habían descrito en la carta, de lo contrario no iba a ver más nunca la escultura de Aquiles y mucho menos la llave que había escondido en el compartimiento secreto, exponiéndose así a pasar posiblemente una gran cantidad de años en la cárcel. No podía permitirse esto, no podía abandonar a su familia y no podía dejar de tutorar a su gran hijo prodigio del arte, tenía que ser espectador obligatorio del desarrollo del nuevo artista de la familia, Frederick, quien cada día estaba haciendo trabajos más calificados en el mundo del arte, así que por ningún motivo podía descuidar ni la carrera de su hijo artista ni la carrera de sus otros hijos mayores.

Antes de dormir, bajo rápidamente al su salón de trabajo. No podía continuar con su descanso hasta leer de nuevo cada una de las instrucciones que le habían enviado. No quería que por ningún motivo alguna de ellas se le fuese olvidar, y arriesgarse a perderlo todo en la única oportunidad que había tenido desde hace semanas. Agarro el sombrero que le habían enviado, y lo escondió debajo de su cama, de tal forma que nadie lo fuese a encontrar durante estos tres días. Otro problema, aunque menor, eran las monedas de oro, ya que debía disponer de ellas lo más pronto posible. Al revisar su compartimiento de hoyas y monedas, se dio cuenta que necesitaba un poco mas de ellas, pues en su mayoría tenía guardada joyas y piedras preciosas de gran valor.

Al día siguiente se levanto con gran energía, con un brillo especial en los ojos, los cuales podían ser notados por cualquiera que hablara con él. Su humor iba mejorando, todo su entusiasmo estaba catalizado por un genuino sentimiento de esperanza. Se dirigió rápidamente al banco local, donde había guardado una gran cantidad de oro como parte del ahorro familiar. A cambio el banco le estaba entregando un porcentaje de interés lo suficientemente bueno como para ayudar en gran medida con los gatos estudiantiles de sus cuatro hijos. Al sacar la cantidad de monedas que necesitaba para completar el pago, este interés no se veía apreciablemente afectado. Esto era perfecto para que ningún miembro de su familia se percatase de lo que estaba ocurriendo, y si llegase a ser descubierto, tendría la escusa perfecta: Caridad a la iglesia como modo de agradecimiento por haberle brindado apoyo durante su difícil etapa de desesperación y depresión luego del robo de la escultura.

Por último, escogió la vestimenta adecuada para ir al parque. Inicialmente escogió una combinación de ropa negra, el único problema residía en el hecho de que eran prendas bastante elegantes, con finas telas cocidas a manos por los sastres más experimentados del país. Era de esperarse que con este tipo de vestimenta fuera a llamar demasiado la atención, no le convenía. Así que, en un intento desesperado por hacer las cosas bien, se metió en uno de los dormitorios de sus sirvientes, y tomo parte de la ropa que había allí, no le importo mucho si estaba limpia o no. Centro su atención en verificar si la ropa que iba a utilizar verdaderamente parecían corrientes y sin ningún tipo de extravagancia. A tan solo horas del esperado encuentro, Fred tenía todo listo para encontrarse con el extraño.

Gracias por leer.


English Version:

Fred and the ideal clothing

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Finally, with much uncertainty in his eyes, Fred slowly opened the package and pulled the hat away from the letter inside him. He realized that they had been very specific in each of the instructions they were giving him about the method of payment for information related to the theft of the statue of Achilles. The location was quite specific, it was one of the parks on the outskirts of the city. He had to sit on one of its benches and wait until 12 o’clock at night, so he had to be dressed completely in black without attracting much attention, passing unnoticed among the people and wearing on his head the hat they had sent themselves. That was the only way the crooks could tell it was Fred.

Additionally, he had to carry in a briefcase the gold coins equivalent to the kilos they were asking for in exchange for the information. Fred was sweating cold as he read the letter, not only was he a little afraid of having to meet people of great danger, but he was filled with nervousness, anxiety and quite helplessness to learn late who had been responsible for the theft of his famous sculpture. He did nothing more than hide the package in one of his favorite drawers and go out as if nothing had happened to have dinner with his family. That same night the dinner flowed with total normality, Fred resorted to the topics of conversation that usually touched that hour with his family. His wife and children didn’t notice anything strange about his behavior, but they just had a good time with the family, until it was time to go to bed.

It had been quite a long day for all of them, and they had on their heads that precious moment when they were finally going to be able to rest on a large bed with large pillows of great quality, each made of ostrich feathers; but Fred only thought that in three days he had to comply with all the conditions they had described in the letter, otherwise he would never see the sculpture of Achilles again, much less the key he had hidden in the secret compartment, thus exposing himself to possibly spending a great many years in prison. He could not afford this, he could not abandon his family and could not stop tutoring his great son prodigy of art, he had to be an obligatory spectator of the development of the new artist of the family, Frederick, who every day was doing more qualified work in the world of art, so that for no reason could he neglect neither the career of his son artist nor the career of his other older sons.

Before going to sleep, I quickly descend to his workroom. He could not continue his break until he read each of the instructions that had been sent to him again. He did not want to be forgotten for any reason, and risk losing everything in the only opportunity he had had for weeks. He took the hat that had been sent to him, and hid it under his bed so that no one would find it during these three days. Another problem, albeit a minor one, was the gold coins, for he must have them at his disposal as soon as possible. Upon reviewing his compartment of holes and coins, he realized that he needed a little more of them, as most of them had stored jewelry and precious stones of great value.

The next day he woke up with great energy, with a special glow in his eyes, which could be noticed by anyone talking to him. His mood was improving, all his enthusiasm was catalyzed by a genuine sense of hope. He quickly went to the local bank, where he had kept a large amount of gold as part of the family savings. In return the bank was giving him a percentage of interest good enough to help greatly with the student cats of his four children. By taking out the amount of coins he needed to complete the payment, this interest was not appreciably affected. This was perfect so that no member of his family would notice what was happening, and if he were to be discovered, he would have the perfect excuse: Charity to the church as a way of thanking him for supporting him during his difficult time of despair and depression following the theft of the sculpture.

Finally, he chose the right outfit to go to the park. Initially he chose a combination of black clothes, the only problem was the fact that they were quite elegant garments, with fine fabrics hand-sewn by the most experienced tailors in the country. It was to be expected that with this type of clothing would attract too much attention, it did not suit him. So, in a desperate attempt to do things right, he went into one of his servants’ dormitories, and took some of the clothes that were there, he didn’t care much if they were clean or not. He focused his attention on checking whether the clothes he was going to wear really looked ordinary and without any extravagance. Within hours of the expected encounter, Fred had everything ready to meet the stranger.

Thank you for reading.


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