Cuento Corto | Libélula del mal | [ESP/ENG] | Dragonfly of evil

Libélula del mal

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Nos encontrábamos en camino hacia la nueva expedición. El jefe nos había advertido acerca de la gran cantidad de mosquitos que habitaba en la selva amazónica y la posibilidad de confundirlos con algún otro insecto. Tuvimos que usar repelentes contra insectos en todo el camino, y aunque utilizamos una buena cantidad, aun podíamos sentir la molestia sensación de aquellos mosquitos hambrientos de sangre cuando nos rodeaban. Eso no era nada nuevo para nosotros, en las primeras expediciones era un poco más molesto, de un tiempo para acá, era solo un factor que añadía ciertas precauciones en la rutina que teníamos de las exploraciones.

Desde niño había querido dedicarme a la arqueología, creo que aquellas películas que solía ver los fines de semana, sin cansarme nunca, acerca de esos exploradores aventureros, hicieron que en mi se creara una gran empatía hacia este trabajo. El trabajo de campo, la exploración, cada uno de las cuevas, y el estudio de los objetos que pudieran encontrarse en ella, representaba para mí el trabajo perfecto, y aunque cada expedición empezaba igual, con una larga caminata el principio, mosquitos, ríos, y mucho calor; era el resultado final el que lograba marcar la diferencia entre una y otra, y hacia que a pesar de todo, cada día de jornada era totalmente diferente al anterior, no tenía ningún tipo de quejas en ese aspecto.

No todos los miembros del equipo pensaban como yo, por ejemplo, el jefe, tenía más de 35 años haciendo este tipo de trabajo, había hecho tantas expediciones en su vida, que aun era capaz de entretenernos a todos cuando era la hora de comer alrededor de la fogata. Sus historias eran increíbles, incluían animales salvajes, climas extremos, venenos, intoxicación entre otros. Nunca se le terminaba el repertorio de historias para el jefe, y aunque muchas de ellas parecieran ser inventadas, sus numerosas cicatrices podían afirmar como prueba fehaciente cada uno de los relatos que nos compartía. Sin embargo, ahora ya un poco más viejo y cansado, esto paso a ser solo un trabajo rutinario, carente de capacidad para enseñarle algo que sus ojos no hayan visto.

A mitad del camino tuvimos que encontrarnos con uno de los nativos de aquella zona. La mayoría de los integrantes de su tribu no entendía casi ningún otro idioma que no fuera el de ellos mismo. A pesar de ser tan herméticos, tuvieron que aprender un poco de otros idiomas, con la finalidad de interactuar con la civilización y evitar que fueran marginados o despojados del territorio natural que les pertenece. Este chico, el cual no pasaba de los 30 años, había sido contratado para guiarnos hacia una de las cuevas más grandes del lugar, mientras caminábamos a su lado, no explicaba muchas cosas, desde su punto de vista, claro.

Se esforzaba mucho en hacernos entender la importancia de las plantas para su tribu, nos explico la función farmacológica de cada una de las especies que se encontraba en el camino, ellas eran sencillamente vitales ante el tratamiento de cualquier enfermedad o picadura. También nos hablo del simbolismo de algunas frutas y su papel en las ceremonias religiosas más importantes del año. Luego continuo con los ríos, los métodos de pesca que tenían eran bastante específicos, podían pescar peces de distintos tamaños sin ningún tipo de problema, gracias a una técnica que habían estado perfeccionando de generación en generación.

Al caer la noche, no dudo ni un segundo en contarnos algunas de las leyendas mas macabras de su cultura. Habló acerca de criaturas bastante peculiares que habían logrado ver en las profundidades de la selva, criaturas de las cuales ningún humano de la civilización había visto antes, y que según sus descripciones, podían aterrorizar a cualquier ser vivo que osara de interponerse en su camino. Muchas de ellas eran violentas, la mayoría carnívoras y despiadadas. Antes de dormirse, nos advirtió sutilmente acerca de una gran creatura que habitaba en una de las cuevas que íbamos a esperar, su nombre local era Ida Simoarao, y no había sido vista desde hace 30 años, cuando junto a su ejército de insectos logro devorar gran parte de la fauna que se encontraba a un kilometro a la redonda.

Al día siguiente, estando muy cerca de llegar a la cueva, le pregunte acerca de Ida Simoarao, cómo era físicamente. El nativo se incomodo un poco ante la pregunta, al parecer ya no estaba bajo los efectos del alcohol, y había vuelto a ser un poco tímido con esos temas, pero me dijo que era como un insecto gigante, de muchas alas, y con unos colmillos capaces de succionar toda la sangre de un humano de un solo bocado, para luego devorárselo con sus gigantes dientes, según sus señalamientos, media más de de 5 metros de largo.

Al llegar a la cueva, el nativo se despidió cordialmente, sin olvidarse de recibir su pago por el servicio prestado. Dijo que debía volver a su hogar para continuar con sus labores cotidianas, y que nos deseaba mucha suerte en la expedición, además de ofrecerse para cuando necesitáramos volver a ese lugar. Sin más que decir, entramos directamente en la cueva, la cual se asemejaba increíblemente a un gran laberinto, y cuyas paredes eran realmente peculiares, parecieran haber sido pulidas.

Seguimos uno de estos caminos, utilizando lámparas de gasolina y linternas de alta potencia, hasta que divisamos pequeños puntos de luz a unos 10 metros. Esta era un habitad que por su humedad no era característica para las luciérnagas, aun así, ésta era la explicación más lógica, así que decidimos avanzar. Al llegar nos percatamos de la presencia de uno insectos muy parecidos a las libélulas, solo que llegaban a medir más de 30 cm de longitud y eran extremadamente agresivos. Un enjambre entero ataco a todos los integrantes de la expedición, causándonos graves heridas y debilitándonos a tal punto de que hacernos casi imposible salir de aquella infernal cueva, una de nuestras compañeras perdió tanta sangre que murió mucho antes de salir de la cueva. Todos acordamos jamás hablar de este incidente en la prensa internacional, pero también volver a entrar algún día para vengar la muerte de nuestra compañera.

Gracias por leer.


English Version:

Dragonfly of evil

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We were on our way to the new expedition. The chief had warned us about the large number of mosquitoes that inhabited the Amazon jungle and the possibility of confusing them with some other insect. We had to use insect repellents all the way, and although we used a good amount, we could still feel the discomfort of those blood-hungry mosquitoes when they surrounded us. That was nothing new for us, in the first expeditions it was a little more annoying, from time to time, it was only a factor that added certain precautions in the routine that we had of the explorations.

Since I was a child I had wanted to dedicate myself to archaeology, I believe that those films that I used to watch on weekends, without ever getting tired, about those adventurous explorers, made me create a great empathy towards this work. The fieldwork, the exploration, each of the caves, and the study of the objects that could be found in it, represented for me the perfect work, and although each expedition started the same, with a long walk at the beginning, mosquitoes, rivers, and a lot of heat; it was the final result that managed to make the difference between one and the other, and despite everything, each day of the day was totally different from the previous one, I did not have any type of complaints in that aspect.

Not all the members of the team thought as I, for example, the boss, had more than 35 years doing this type of work, had done so many expeditions in his life, he was still able to entertain us all when it was time to eat around the campfire. His stories were incredible, including wild animals, extreme climates, poisons, intoxication among others. He never finished the repertoire of stories for the boss, and although many of them seemed to be invented, his numerous scars could affirm as reliable proof each of the stories he shared with us. However, now a little older and tired, this happened to be just a routine job, lacking the capacity to teach him something that his eyes have not seen.

Halfway there we had to meet one of the natives of that area. Most of the members of their tribe understood almost no other language than their own. In spite of being so hermetic, they had to learn a bit of other languages in order to interact with civilization and prevent them from being marginalized or stripped of the natural territory that belongs to them. This boy, who was only 30 years old, had been hired to guide us to one of the biggest caves of the place, while we walked next to him, he did not explain many things, from his point of view, of course.

He tried very hard to make us understand the importance of plants for his tribe, he explained to us the pharmacological function of each of the species that was on the road, they were simply vital to the treatment of any disease or bite. He also told us about the symbolism of some fruits and their role in the most important religious ceremonies of the year. Then he continued with the rivers, the fishing methods they had were quite specific, they could catch fish of different sizes without any problem, thanks to a technique they had been perfecting from generation to generation.

At nightfall, I do not hesitate for a second to tell us some of the most macabre legends of their culture. He spoke about quite peculiar creatures that they had managed to see in the depths of the jungle, creatures that no human of civilization had ever seen before, and that according to his descriptions, could terrorize any living being that dared to stand in their way. Many of them were violent, mostly carnivorous and ruthless. Before falling asleep, he subtly warned us about a great creature that lived in one of the caves we were going to expect, its local name was Ida Simoarao, and had not been seen for 30 years, when along with his army of insects he managed to devour much of the fauna that was a mile away.

The next day, being very close to reaching the cave, I asked him about Ida Simoarao, how she was physically. The native was a little uncomfortable with the question, apparently he was no longer under the effects of alcohol, and had become a little shy with these issues, but he told me that it was like a giant insect, with many wings, and with fangs capable of sucking all the blood of a human in one bite, and then devour it with their giant teeth, according to their signs, average more than 5 meters long.

Upon arriving at the cave, the native said a cordial farewell, without forgetting to receive his payment for the service rendered. He said he had to return home to continue his daily chores, and that he wished us much luck in the expedition, as well as offering himself for when we needed to return to that place. Needless to say, we entered directly into the cave, which incredibly resembled a great labyrinth, and whose walls were really peculiar, seemed to have been polished.

We followed one of these paths, using gasoline lamps and high-powered flashlights, until we spotted small points of light at about 10 meters. This was a habitat that because of its humidity was not characteristic for fireflies, even so, this was the most logical explanation, so we decided to move forward. When we arrived we noticed the presence of an insect very similar to dragonflies, only that they were more than 30 cm long and were extremely aggressive. An entire swarm attacked all the members of the expedition, causing us serious injuries and weakening us to such an extent that it made it almost impossible for us to get out of that infernal cave, one of our companions lost so much blood that she died long before leaving the cave. We all agreed never to discuss this incident in the international press, but also to re-enter one day to avenge the death of our companion.

Thank you for reading.


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