Cuento Corto | No más fuego | [ESP/ENG] | No more fire

No más fuego

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Pasadas unas 3 horas, Fred finalmente pudo abrir los ojos, no entendía muy bien lo que había pasado, tampoco podía detallar con facilidad el lugar donde se encontraba en ese momento. Solo se sentía bastante mareado, desorientado y con un profundo dolor en su espalda. Poco a poco su vista se fue aclarando hasta poder divisar una puerta que se encontraba justo en frente. La habitación en general estaba bastante oscura, la poca luz que tenía provenía de unas 4 velas, todas de tamaños distintos y muy mal distribuidas en la habitación. No tenían candelabros, simplemente estaban pegadas con la misma cera a cada una de las mesas de la habitación, mesas cuyo estado era deplorable, estaban sucias de polvo, de ese mismo polvo que tarda años en acumularse. Algunas tenían solo 3 de las 4 patas, habían sido comidas por termitas. En el piso hacían muchos papeles, tirados de forma errática, junto con varios libros de dudosa utilidad, rotos, sucios y desgastados. Casi no se podía leer nada en ellos, aunque era fácil darse cuenta de que estaban escritos en varios idiomas, en hojas amarillas y con tinta bastante oscura.

Uno de los libros estaba mojado, y aun así la tinta que formaba las letras de sus hojas permanecían intactas, la antigüedad de esos libros había sobrevivido de estoica manera a los malos tratos de sus dueños. A Fred le dolía ver que algunos de esos libros trataban de historia, arte y belleza, y ahora se encontrasen tirados como cualquier basura inservible. La habitación entera parecía tener una gran y densa alfombra que se extendía por las cuatro esquinas, pero no era una alfombra, eran papeles de distintas formas y tamaños. Dentro de su asombro y el mareo que había adquirido al despertar, Fred solo intentaba leer alguna de las líneas que tenía en frente, con la esperanza de entender el contexto en el cual estaba inmerso.

Poco a poco fue divisando los demás objetos que se encontraban en la habitación. Se miraba a si mismo amarrado, en un silla que se encontraba justo en el centro del cuarto. No había nadie más con él. Comenzó a gritar tan fuerte como sus dolores le permitían, pedía ayuda a cualquiera que pudiera venir y socorrerlo. Luego de varios minutos de intensa lucha para zafarse de las cuerdas que lo retenían, se dio por vencido, nadie había acudido a su llamado. Intentó desesperadamente arrastrar la silla en donde estaba para llegar a una de las mesas que tenia al frente. Su idea era patear una de las mesas para timbrar la vela y utilizar el fuego para quemar la soga y finalmente deshacer el nudo. Se movió lentamente, haciendo un gran estruendo con todos los papeles que tenía en el suelo, hasta que finalmente llego a estar tan cerca del fuego que podía sentir el calor que emitía la vela. Justo antes de dar la primera patada a la mesa, se arrepintió. A su mente volvió aquel recuerdo del incendio en la casa de su abuela, donde perdió varios de sus seres quedos. La habitación estaba llena de papeles, todos ellos regados por toda la habitación.

Solo bastaba un movimiento en falso, para que la vela cayera al suelo e incendiara los libros, sería el inicio de un incendio incontrolable que terminaría por matarlo de la peor y más dolorosa forma. No se iba a arriesgar a tanto solo por el hecho de estar desesperado por salir. Seguidamente se arrastro hasta la puerta, debía cerciorarse de que estuviera cerrada, así que la comenzó a patear lo más fuerte que pudo. Siguió gritando.

Fred estaba totalmente cansado, adolorido y hambriento. No tenia ánimos se seguir gritando, al parecer estaba completamente solo en aquella espantosa casa. Se sentía frustrado, furioso y engañado. Esa iba a ser la noche en la que tendría toda la información acerca del robo de su estatua preciada, a cambio solo obtuvo una gran estafa de una buena cantidad de oro, golpes en todo su cuerpo, y el abandono en un lugar inhóspito, solitario y alejado de cualquier otro vecindario.

El amanecer tardó en llegar para Fred, quien poco pudo dormir pensando en su familia, en el robo, y en la posible ubicación de la estatua que contenía su gran secreto. No tenía otra opción que seguir intentando salir de esa situación. Las velas ya se habían apagado, y no podía darse el lujo de pasar otra noche fría en ese lugar, pues la noche sería mucho más oscura sin la presencia de las velas. En sus tiempos de descanso, solía leer los fragmentos de los párrafos que tenia a sus pies. Era su única fuente de entretenimiento, y también de información ajena a su conocimiento.

En uno de los párrafos se relataban experimentos realizados por alquimistas, los cuales habían logrado crear sustancias que escapaban de toda lógica. Con dichas sustancias eran capaces de controlar el flujo de tiempo, y también la entrada y salida de dimensión alternas, pero conectadas con la nuestra. Se describía un mundo creado accidentalmente por estos alquimistas. Al parecer habían dejado que varios animales pequeños entraran en contacto con la misteriosa sustancia e invadieran una dimensión desconocida. La invasión no solo causo la desaparición de varios de los insectos de los alquimistas, sino la evolución de los mismos en su nuevo mundo. Habían creado algo que no sabían controlar. Fred continuo gritando, manteniendo viva la esperanza de que vinieran por él.

Gracias por leer.


English Version:

No more fire

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After about 3 hours, Fred was finally able to open his eyes, he didn’t quite understand what had happened, nor could he easily detail where he was at the time. He just felt quite dizzy, disoriented and with a deep pain in his back. Little by little his sight became clearer until he could see a door that was just in front of him. The room in general was quite dark, the little light he had came from about 4 candles, all of different sizes and very poorly distributed in the room. They did not have candlesticks, they were simply stuck with the same wax to each of the tables in the room, tables whose state was deplorable, they were dirty with dust, the same dust that takes years to accumulate. Some had only 3 of the 4 legs, they had been eaten by termites. On the floor they made many papers, thrown erratically, along with several books of doubtful utility, broken, dirty and worn. Almost nothing could be read in them, although it was easy to see that they were written in several languages, in yellow leaves and with quite dark ink.

One of the books was wet, and yet the ink that formed the letters of its leaves remained intact, the antiquity of these books had survived stoically the mistreatment of their owners. It hurt Fred to see that some of those books were about history, art and beauty, and now they were thrown away like any useless garbage. The whole room seemed to have a big, dense carpet that stretched all four corners, but it wasn’t a carpet, it was paper of different shapes and sizes. In his astonishment and dizziness as he woke up, Fred only tried to read some of the lines in front of him, hoping to understand the context in which he was immersed.

Little by little he saw the other objects that were in the room. He looked at himself tied up in a chair that was right in the center of the room. There was no one else with him. He began to shout as loudly as his pains allowed him, asking for help from anyone who could come and help him. After several minutes of intense struggle to get rid of the ropes that held him, he gave up, nobody had responded to his call. He tried desperately to drag the chair where he was to get to one of the tables in front of him. His idea was to kick one of the tables to ring the candle and use the fire to burn the rope and finally undo the knot. He moved slowly, making a loud noise with all the papers he had on the floor, until he finally came so close to the fire that he could feel the heat emitted by the candle. Just before giving the first kick to the table, he repented. That memory of the fire in his grandmother’s house came back to his mind, where he lost several of his leftovers. The room was full of papers, all of them scattered all over the room.

All it took was a false move, for the candle to fall to the ground and set the books on fire, it would be the beginning of an uncontrollable fire that would end up killing him in the worst and most painful way. He was not going to risk so much just because he was desperate to get out. Then he crawled to the door, had to make sure it was closed, so he started kicking it as hard as he could. He kept screaming.

Fred was totally tired, sore and hungry. He wasn’t in the mood to keep screaming, apparently he was all alone in that dreadful house. He was frustrated, furious, and deceived. That was going to be the night when he would have all the information about the theft of his prized statue, in return he only got a big scam of a good amount of gold, blows all over his body, and abandonment in an inhospitable place, lonely and far from any other neighborhood.

Sunrise was late for Fred, who could sleep little thinking of his family, the robbery, and the possible location of the statue containing his great secret. He had no choice but to keep trying to get out of that situation. The candles had already gone out, and he could not afford to spend another cold night in that place, for the night would be much darker without the presence of candles. In his times of rest, he used to read the fragments of the paragraphs he had at his feet. It was his only source of entertainment, and also of information alien to his knowledge.

In one of the paragraphs there were experiments carried out by alchemists, who had managed to create substances that escaped all logic. With these substances they were able to control the flow of time, and also the entrance and exit of alternate dimensions, but connected with ours. A world accidentally created by these alchemists was described. Apparently they had let several small animals come into contact with the mysterious substance and invade an unknown dimension. The invasion not only caused the disappearance of several of the alchemists’ insects, but also their evolution in their new world. They had created something they did not know how to control. Fred continued to scream, keeping alive the hope that they would come for him.

Thank you for reading.


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