Cuento Corto | Un regalo inesperado | [ESP/ENG] | An unexpected gift

Un regalo inesperado

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La escultura había sido robada. El padre de Frederick no tuvo otra opción que gritarles a todos sus sirvientes que estuvieran atentos ante cualquier movimiento sospechoso. Quien haya sido el culpable del robo, probablemente siga aun cerca de la mansión. No podían dejarlo escapar bajo ninguna circunstancia. Fred padre, corrió rápidamente a su dormitorio, ya su esposa no estaba allí, pues había salido inmediatamente a la habitación de sus hijos para calmarlos. En una de las gavetas de la mesa de noche que estaba a su lado, escondía un viejo y pesado revolver que había heredado generación tras generación desde su abuelo paterno. El revólver siempre estaba cargado, y siempre lo tenía cerca del lugar donde durmiera, sin importar si estaba en la mansión, en un hotel, o en algún otro lugar que frecuentaba comúnmente cuando viajaba para presentar sus obras en otras ciudades.

Bajo rápidamente por la escaleras, y siguió a sus sirvientes, quienes estaban un poco extrañado de ver a su jefe tan nervioso. No era la primera vez que se habían enfrentado a un robo en la mansión, en ocasiones pasadas unos pequeños rateros se habían metido para hurtar joyas y otros objetos pequeños de valor. Es cierto que era la primera vez que se efectuaba un robo de tal magnitud, pues no era una simple joya lo que se estaban llevando, era un escultura de Alquiles realizada a escala real. Si bien Fred nunca mostro un comportamiento errático en los hurtos anteriores, esta vez estaba fuera de sus casillas, nervioso, ansioso, hiperactivo y dispuesto a todo para recuperar su obra, incluso de ello conllevara a la utilización de su revólver personal. Las luces del jardín de la mansión estaban apagadas, habían unas grandes y anchas escaleras por la que se podía acceder al jardín de forma directa, todo se dirigieron hacia ellas.

Los empleados de seguridad más experimentados iban en la delantera. Fred se ubicaba más o menos en el medio, estaba no solo siendo escoltado por sus sirvientes, sino también obligándose a sí mismo a cometer alguna estupideces durante la revisión. Las escaleras que daban hacia al jardín eran tan anchas que fue posible que todo bajaran al mismo paso, en una fila perfecta. De repente, observaron algunas sombras en la parte inferior de la misma, aumentaron el paso progresivamente hasta observar que, en efecto, dichas sombras correspondían a movimientos humanos. Había al menos alguien más allí, y era muy probable que se tratase del ladrón. Fred rápidamente saco su revólver, verifico en pocos segundos que estuviese cargado, pues todavía tenía alguna de las balas que le había regalado su padre aquel día que lo enseño a disparar en uno de los bosque de su ciudad natal.

A Fred siempre le llamo la atención la vida policial, en ocasiones orientaba sus dibujos hacia una historia misteriosa donde el policía era el héroe que encontraba la verdad detrás de un atroz crimen, su padre a los 18 años, le dio el regalo más inesperado que pudo tener, el revólver. Para Fred su vida solo se centraba en pinceles, lápices de colores, papel de diferentes texturas, acuarelas, y un sinfín de herramientas que le permitían darle vida y estilo propio a sus obras. Se impresiono mucho con el regalo de su padre, pues nunca había visto alguna actitud violenta en él, no entendía muy bien para que fuera a utilizar el revólver siendo él un estudiante de arte muy apasionado. Su padre únicamente argumento que es una reliquia que le había regalado su abuelo, y que le gustaría que el objeto siguiera pasando de generación en generación, como símbolo de protección, tradición e historia familiar. No necesariamente se lo estaba entregando para que se convirtiera en el próximo gánster local y dejara tantos años de estudio artístico tirados en la basura.

Esa misma tarde, el padre de Fred le prometió un paseo por el bosque. Al llegar se fijo que en uno de los troncos de un árbol ya derribado, habían una serie de copas, todas bastante costosas, de diferentes tipos de cristal, forma, tamaño y función. Estaban minuciosamente espaciadas entre sí. Su padre tomo el revólver y le disparo a una de ellas, a la más grande, y le promedio a Fred que cuando aprendiera bien el arte de disparar, iba a poder hacer exactamente lo mismo, con igual facilidad, pero con la copa más pequeña de todas. Fue una tarde amena e inolvidable para ambos, pasaron varias horas intentando una y otra vez dispararle a una gran cantidad de copas que había en el bosque. Al final de la tarde, Fred logro derribar la copa más pequeña en el primer intento, Ya su padre sabía que había cumplido con la misión para ese día, así que era el momento de volver con la familia y descansar.

Fred entendió ese día que un arma no solo se hizo para los criminales. Había cierto arte en el disparo y en los objetos que lograba alcanzar la bala. Había internalizado que el regalo de su padre mas allá de un símbolo familia, significaba la posibilidad de protegerse ante cualquier peligro de forma rápida y efectiva. Esa misma noche se desvelo hasta el día siguiente haciendo un dibujo bastante realista de los trozos de cristal que había observado, la forma tan peculiar con la que quedaban luego de ser impactados por la bala, y su contraste con la naturaleza del bosque. Desde ese día no se separo mas nunca del revólver.

Gracias por leer.


English Version:

An unexpected gift

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The sculpture had been stolen. Frederick’s father had no choice but to shout to all his servants to be on the lookout for any suspicious movements. Whoever was guilty of the robbery is probably still near the mansion. They could not let him escape under any circumstances. Fred Sr. ran quickly to his bedroom, his wife was no longer there, as he had immediately gone out to his children’s room to calm them down. In one of the drawers of the bedside table next to him, he was hiding a heavy old revolver that he had inherited generation after generation from his paternal grandfather. The revolver was always loaded, and he always had it close to where he slept, whether he was in the mansion, in a hotel, or some other place he frequented as he traveled to present his works in other cities.

He hurried down the stairs and followed his servants, who were a little surprised to see their boss so nervous. It was not the first time they had faced a robbery in the mansion, sometimes in the past small thieves had gone in to steal jewelry and other small objects of value. It is true that it was the first time that a robbery of such magnitude was carried out, because it was not a simple jewel what they were wearing, it was a sculpture of Rentals made in real scale. Although Fred never showed erratic behavior in previous thefts, this time he was out of his mind, nervous, anxious, hyperactive and willing to do anything to recover his work, even leading to the use of his personal revolver. The lights in the mansion garden were off, there were large, wide staircases leading directly to the garden, everything went towards them.

The most experienced security employees were at the forefront. Fred was more or less in the middle, not only being escorted by his servants, but also forcing himself to do something stupid during the check. The stairs leading to the garden were so wide that it was possible for everything to descend at the same pace, in a perfect row. Suddenly, they saw some shadows at the bottom of the line, progressively increasing the step until they saw that, in fact, these shadows corresponded to human movements. There was at least someone else there, and it was most likely the thief. Fred quickly pulled out his revolver, and in a few seconds he saw that it was loaded, for he still had some of the bullets his father had given him that day when he taught him to shoot in one of the woods of his hometown.

Fred was always drawn to police life, sometimes directing his drawings to a mysterious story where the policeman was the hero who found the truth behind an atrocious crime, his 18-year-old father gave him the most unexpected gift he could have, the revolver. For Fred, his life centered on brushes, colored pencils, paper of different textures, watercolors, and an endless number of tools that allowed him to give life and style to his works. He was very impressed with his father’s gift, because he had never seen any violent attitude in him, he did not understand very well so that he was going to use the revolver being him a very passionate art student. His father only argued that it is a relic given to him by his grandfather, and that he would like the object to continue passing from generation to generation, as a symbol of protection, tradition and family history. He wasn’t necessarily giving it to him to become the next local gangster and leave so many years of artistic study in the garbage.

That same afternoon, Fred’s father promised him a walk in the woods. When he arrived, he noticed that in one of the trunks of an already felled tree, there was a series of glasses, all quite expensive, of different types of crystal, shape, size and function. They were meticulously spaced. His father took the revolver and shot one of them, the largest, and he averages to Fred that when he learned the art of shooting well, he would be able to do exactly the same thing, just as easily, but with the smallest cup of all. It was a pleasant and unforgettable afternoon for both of them, they spent several hours trying again and again to shoot a large number of cups that were in the forest. At the end of the afternoon, Fred managed to knock down the smallest cup on the first attempt. His father already knew he had completed the mission for that day, so it was time to go back to the family and rest.

Fred understood that day that a weapon was not only made for criminals. There was some art in the shooting and in the objects that the bullet was able to reach. He had internalized that his father’s gift, beyond a family symbol, meant the possibility of protecting himself against any danger quickly and effectively. That same night he slept until the next day making a quite realistic drawing of the pieces of glass that he had observed, the peculiar shape with which they were left after being hit by the bullet, and their contrast with the nature of the forest. From that day on, he never left the revolver.

Thank you for reading.


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